La consciencia: el misterio que estás usando ahora mismo
Estás leyendo estas líneas. Hay algo que se parece a ser tú mientras lo haces: una sensación de estar aquí, de que estas palabras se te presentan a ti, de que hay un punto de vista desde el que todo esto ocurre. Eso es la consciencia. Y, pese a que es lo más íntimo que tenemos, sigue siendo una de las grandes preguntas abiertas de la ciencia y la filosofía.
En RILOFU, la consciencia es el territorio que conecta todos los demás. La mente y las emociones aparecen en ella. Las relaciones se viven desde ella. Los estados no ordinarios son, precisamente, variaciones de ella.
Qué entendemos por consciencia
La palabra consciencia se usa para cosas bastante distintas, y conviene separarlas.
A veces significa estar despierto y responder al entorno, en contraposición a estar dormido o anestesiado. A veces significa darse cuenta de algo, ser consciente de un pensamiento o de una emoción. Y a veces, en su sentido más profundo, significa la experiencia subjetiva en sí misma: el hecho de que exista un "cómo se siente" ver el color rojo, oír una canción o tener un recuerdo.
Es este último sentido el que más nos interesa en RILOFU, porque es el que menos entendemos y el que más preguntas abre.
El problema difícil
La neurociencia ha avanzado enormemente en describir qué ocurre en el cerebro cuando percibimos, pensamos o sentimos. Sabemos qué áreas se activan, qué redes se coordinan, qué neurotransmisores participan. Lo que todavía no sabemos es por qué toda esa actividad va acompañada de experiencia. Por qué no somos simplemente máquinas que procesan información a oscuras.
El filósofo David Chalmers lo llamó "el problema difícil de la consciencia", y décadas después sigue sin resolverse. Hay teorías serias que intentan explicarlo desde distintos ángulos, y hay también propuestas más especulativas. En RILOFU tratamos de mantenernos informados sobre lo que la ciencia sabe, distinguirlo de lo que todavía está investigando y no rellenar los huecos con certezas que nadie tiene.
Ciencia sin reduccionismo, espiritualidad sin dogma
Hablar de consciencia es entrar en un terreno donde conviven la investigación científica, la reflexión filosófica y las tradiciones contemplativas. Cada una aporta algo y cada una tiene sus límites.
La ciencia ofrece método, datos y la capacidad de descartar lo que no funciona. Su riesgo es reducir la experiencia a mecanismos y perder de vista que, para quien la vive, esa experiencia es lo más real que existe.
La filosofía ofrece rigor conceptual y preguntas bien formuladas. Su riesgo es quedarse en el debate sin tocar nunca la experiencia directa.
Las tradiciones contemplativas ofrecen siglos de exploración en primera persona y métodos muy refinados para observar la consciencia. Su riesgo es cargar esa observación con interpretaciones metafísicas que se presentan como verdades incuestionables.
Nuestra posición es sencilla de enunciar y difícil de mantener: curiosidad sin ingenuidad, ciencia sin reduccionismo, espiritualidad sin dogma. Nos interesa el diálogo entre estos mundos, no que uno gane.
Explorar la consciencia en primera persona
Puedes leer sobre la consciencia durante años sin acercarte ni un milímetro a ella. Porque la consciencia no es solo un objeto de estudio: es el lugar desde el que estudias. Y explorarla exige, en algún momento, girar la atención hacia sí misma.
La meditación como laboratorio
La meditación es, en esencia, un método para observar la consciencia con cierta sistematicidad. No hace falta ninguna creencia previa. Basta con sentarse, prestar atención a lo que aparece y darse cuenta de cómo la atención misma se mueve, se distrae, se estabiliza.
Con la práctica empiezan a verse cosas que normalmente pasan desapercibidas: que los pensamientos surgen solos, sin que nadie los convoque; que la sensación de ser un "yo" sólido es más intermitente de lo que parece; que la experiencia cambia constantemente aunque tengamos la impresión de continuidad.
Ninguna de estas observaciones demuestra nada definitivo sobre la naturaleza de la consciencia. Pero todas ellas aflojan certezas y abren preguntas, y eso ya es un cambio importante.
Estados no ordinarios
Hay otra forma de explorar la consciencia: cambiarla. El sueño, las prácticas de respiración, el ayuno, la privación sensorial, los rituales, el trance y, en determinados contextos, los psicodélicos, producen estados no ordinarios de consciencia que muestran de forma directa que nuestra forma cotidiana de experimentar el mundo es solo una de las posibles.
Estos estados pueden ser profundamente reveladores y también profundamente confusos. Por eso en RILOFU insistimos en el contexto, la preparación, la reducción de riesgos y la integración posterior. Explorar la consciencia por vías intensas sin un marco adecuado es como salir al mar sin saber nadar.
Consciencia, sentido y experiencia
Cuando alguien atraviesa una experiencia intensa de consciencia, ya sea en meditación, en un retiro o en un estado no ordinario, suele volver con una pregunta: ¿qué significa esto?
Aquí es donde la exploración de la consciencia se encuentra con el sentido que damos a nuestras experiencias. Porque una experiencia, por sí sola, no viene con su interpretación incluida. Sentir que todo está conectado no demuestra que todo esté conectado. Sentir que el yo se disuelve no demuestra que el yo no exista. Y, al mismo tiempo, esas experiencias pueden transformar la vida de quien las vive de maneras muy reales.
Sostener ambas cosas a la vez, el valor de la experiencia y la prudencia ante su interpretación, es una de las tareas centrales del acompañamiento que ofrecemos en RILOFU.
Preguntas que no se cierran
¿Dónde estás tú cuando no estás pensando en nada? ¿Qué queda de la experiencia si le quitas los pensamientos, las emociones y las percepciones? ¿La consciencia es algo que tienes o algo que eres? ¿Ha cambiado tu forma de estar en el mundo después de alguna experiencia intensa?
No tenemos respuestas cerradas para estas preguntas. Tenemos, eso sí, espacios para hacerlas en buena compañía: charlas, encuentros, retiros y una comunidad donde la exploración de la consciencia se comparte, se discute y se vive.
Cómo seguir explorando
La consciencia se cruza con todos los demás territorios que proponemos en RILOFU: la mente, las emociones, las relaciones, los estados no ordinarios y el sentido de la experiencia. Y si quieres ir más allá de la lectura, aquí tienes dos formas de continuar.
