Un mal viaje es la posibilidad que más asusta de los psicodélicos, y también una de las peor explicadas. No es un castigo ni una señal de que algo se haya roto para siempre. Es una experiencia difícil, a veces muy difícil, que tiene causas reconocibles y ante la que se puede hacer bastante más que esperar a que pase.
Este artículo explica qué es, por qué ocurre y qué ayuda en el momento, tanto si lo vives tú como si acompañas a alguien. Es información de reducción de riesgos: no sustituye la atención médica y no es una invitación a consumir.
La idea clave, en pocas líneas
- Un mal viaje es una experiencia psicodélica dominada por el miedo, la confusión o la angustia. Es pasajero: termina cuando baja el efecto de la sustancia.
- Las causas más habituales son una dosis alta, un entorno inadecuado, un mal momento personal y la falta de compañía de confianza.
- En el momento ayuda cambiar algo del entorno, respirar despacio, recordar que es temporal y dejar de pelear contra lo que aparece.
- Quien acompaña no tiene que arreglar nada: tiene que estar, transmitir calma y cuidar la seguridad.
- Ante síntomas físicos graves o riesgo para alguien, se llama al 112.
Qué es un mal viaje
No hay una definición clínica única. En la investigación se habla de experiencias desafiantes y se describen varias dimensiones que pueden aparecer juntas o por separado:
- Miedo intenso o pánico, a veces con la sensación de estar muriendo o de estar perdiendo la cabeza.
- Confusión, pensamientos en bucle y pérdida de la noción del tiempo.
- Tristeza profunda, culpa o recuerdos dolorosos que irrumpen sin aviso.
- Paranoia o desconfianza hacia las personas presentes.
- Sensaciones físicas desagradables: náuseas, temblor, palpitaciones, frío o calor.
- Sensación de aislamiento, de estar atrapado en un lugar del que no se sale.
Difícil no significa necesariamente dañino. En una encuesta de la Universidad Johns Hopkins a 1.993 personas sobre su peor experiencia con setas de psilocibina, el 39 % la situó entre las cinco vivencias más duras de su vida. Aun así, el 84 % dijo haber sacado algún beneficio de ella.
El mismo estudio recoge la otra cara: el 11 % se puso a sí mismo o a otros en riesgo de daño físico y el 2,7 % necesitó atención médica. Las dos cosas son ciertas a la vez, y por eso conviene tomárselo en serio sin dramatizar.
Por qué ocurre
Rara vez hay una sola causa. Lo habitual es que se junten varias.
La dosis
Es el factor más previsible. En la encuesta citada, a mayor dosis, mayor dificultad. Las dosis altas, las redosis por impaciencia y las sustancias de potencia desconocida multiplican la probabilidad de verse desbordado.
El estado interno
Llegar con miedo, agotado, en plena crisis o con la expectativa de que la sustancia resuelva algo urgente pesa mucho. También influye la resistencia: cuanto más se intenta controlar la experiencia, más angustiosa suele volverse.
El entorno
Ruido, desconocidos, espacios de los que no se puede salir, una fiesta que se alarga. El lugar y las personas condicionan lo que ocurre dentro, como explicamos en set y setting.
La falta de apoyo
En el estudio de Johns Hopkins, la ausencia de comodidad física y de apoyo social se asoció a experiencias más difíciles. Estar solo o con gente en la que no confías lo complica todo.
Las mezclas y los antecedentes
El alcohol, el cannabis y otras sustancias vuelven la experiencia menos previsible. Y hay personas para quienes el riesgo es mayor de partida: lo detallamos en quién no debería tomar psicodélicos.
Qué hacer en el momento si te pasa a ti
No hay una técnica que apague un mal viaje. Sí hay gestos sencillos que suelen bajarle la intensidad.
- Recuerda qué está pasando. Has tomado una sustancia, el efecto tiene una duración y va a terminar. Decírtelo en voz alta ayuda.
- Cambia algo del entorno. Otra habitación, otra música o silencio, menos luz, una manta, un espacio más tranquilo si es seguro llegar a él.
- Respira despacio. Alarga la exhalación y nota el peso del cuerpo sobre el suelo o el sofá.
- Deja de pelear. Intentar frenar lo que aparece suele alimentarlo. Observarlo con curiosidad, aunque incomode, le quita fuerza.
- Pide compañía. Di con palabras simples lo que necesitas: que se queden cerca, que te den la mano, que no te hablen.
- Bebe un poco de agua y no tomes nada más. Ni alcohol, ni cannabis, ni otra dosis para intentar cambiar el rumbo.
- No tomes decisiones. No conduzcas, no llames a nadie para resolver asuntos pendientes, no salgas solo a la calle.
Qué hacer si acompañas a alguien
Los servicios de reducción de riesgos que atienden crisis psicodélicas en festivales trabajan con una idea sencilla: acompañar la experiencia en lugar de intentar cortarla. En la práctica:
- Mantén la calma. Tu tono de voz y tu cuerpo comunican más que tus argumentos.
- Lleva a la persona a un lugar tranquilo, con poca gente y pocos estímulos.
- Usa frases cortas y verdaderas: estás a salvo, estoy contigo, esto va a pasar.
- No discutas lo que percibe ni lo ridiculices. Tampoco le sigas la corriente si eso aumenta el miedo.
- Pregunta antes de tocar. Un contacto que consuela a una persona puede asustar a otra.
- No la dejes sola, y no la retengas por la fuerza salvo que haya un peligro inmediato.
- Ofrece agua, abrigo y la posibilidad de tumbarse.
Cuándo llamar al 112
La mayoría de los malos viajes se resuelven con tiempo y compañía. Hay situaciones que no admiten espera:
- Pérdida de conocimiento, convulsiones o dificultad para respirar.
- Dolor en el pecho, fiebre alta o rigidez muscular.
- Agitación extrema que no cede, o conductas que ponen en peligro a la persona o a quienes la rodean.
- Intención de hacerse daño.
- Sospecha de que se ha tomado una sustancia distinta de la que se creía, o una mezcla peligrosa.
Al llamar, di qué se ha tomado, cuánto y cuándo. Los servicios de emergencia están para atender, y esa información les permite hacerlo bien.
Después: lo que queda por hacer
Cuando baja el efecto suele llegar el agotamiento, y a veces vergüenza o desconcierto. Lo primero es descansar, comer algo y no sacar conclusiones esa misma noche. Si puedes, anota lo que recuerdes al día siguiente.
Un mal viaje no termina de entenderse en el momento. Darle sentido lleva días o semanas, y de eso trata cómo integrar un mal viaje semanas o meses después. Si pasan los días y la ansiedad o la sensación de irrealidad no ceden, lee ansiedad o despersonalización tras un viaje: cuándo pedir ayuda.
¿Se puede prevenir?
No del todo, y quien prometa lo contrario exagera. Pero la probabilidad baja mucho con una dosis prudente, un entorno cuidado, una persona sobria de confianza y un plan para los momentos difíciles. Todo ello está desarrollado en la guía para prepararse para una experiencia psicodélica.
Acompañamiento después de una experiencia difícil
En RILOFU no vendemos ni suministramos sustancias. Ofrecemos acompañamiento emocional para preparar una experiencia y para integrar lo vivido, también cuando ha sido duro.
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Fuentes
- Survey study of challenging experiences after ingesting psilocybin mushrooms: Acute and enduring positive and negative consequences. Journal of Psychopharmacology, 2016.
- The Challenging Experience Questionnaire: Characterization of challenging experiences with psilocybin mushrooms. Journal of Psychopharmacology, 2016.
